Regresar a artículos     N° 251 Lima, Junio 2008, Año 21
 
 

DEBATE EN TORNO AL TLC

 


Raúl Mendoza Cánepa
Área de Democracia
Comisión Andina de Juristas

     
 

Fuente: http://olganza.com/

Mientras que el Presidente Evo Morales retarda el proceso de un TLC de la Comunidad Andina con Europa (su último reclamo es un inviable “abrepuertas” europeo a los ciudadanos andinos); el Presidente Alan García apuesta por una negociación paralela, más fluida y rápida entre el Perú y la Comunidad Europea. El argumento, válido por cierto, es que no se puede condicionar la suerte de un país al éxito de una negociación en bloque. Peor aún si es que ese bloque está dividido en dos modelos políticos divergentes.

En realidad, Morales no cree en el TLC, porque, en su esencia, el libre comercio es discordante de su tesis nacionalista estatista, que exige más de lo que ofrece y que entrampa más de lo que avanza. Esta diferencia de líneas de concepción de lo que es negociar un tratado que implica bajar las defensas proteccionistas, lleva a una dialéctica inevitable, la de los pro TLC (García y Uribe) y la de los anti TLC (Chávez y Morales). Ya Morales se adelantó a la lid, exigiéndole a García no negociar un TLC con Washington. Arguye que Colombia y Perú, con sus políticas de “apertura” destrozan a la CAN.

Los últimos entredichos entre los presidentes de Bolivia y Perú, advierten que la capacidad de articular una propuesta de acuerdo con Europa es insalvable. Para negociar en bloque, primero hay que consolidar el bloque y aminorar las diferencias. El problema es que la polarización ideológica es alta y que el TLC que se impone es el que cada Estado configure por su cuenta y riesgo. Aun en la propuesta de un TLC flexible, “a la carta”, se necesitan bases y principios comunes de libre comercio para que este funcione.

Con la salvaguardia necesaria, el TLC es, incluso, un tema de Real Politik desde el modelo económico peruano-colombiano. El nacionalismo (concebido como doctrina) impide asumir la dinámica del mercado con realismo, atendiendo los impactos y las ventajas. Un TLC con Europa permitiría a los productores andinos vender sus productos en un mercado con un poder de compra doscientos veces mayor que el de la región en promedio. El mercado andino se restringe no sólo a menos millones de habitantes, sino a consumidores con un ingreso promedio de mil dólares anuales. Las ventajas saltan a la vista.

Sin embargo, aunque las discusiones se están perdiendo en bagatelas, sería importante un dialogo técnico sobre las ventajas del libre comercio, más allá de las anteojeras doctrinarias. El diálogo que promete el Presidente García con su homólogo boliviano es promisorio en esa perspectiva. El otro tema es el de la identificación de debilidades comunes entre los países que componen la CAN , para que la negociación logre alternativas específicas que sean salvaguardas. Otro punto es el de la ineficiencia técnica en el campo, el mal diseño de la propiedad rural, la falta de competitividad, los altísimos costos de transacción, la fragilidad del marco institucional de los Estados y, desde luego, los déficit en infraestructura.

El Gobierno deben escuchar para que las posiciones políticas dogmáticas no se conviertan en anclas de su desarrollo.