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Chile. El 10% de presos en Arica es boliviano

2010-01-04  

• PENAL ACHA • Luego de recibir la visita de la Cónsul de Bolivia, gendarmes del complejo penitenciario llevan a reos bolivianos a sus respectivos talleres. Fue el 19 de diciembre.
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Acha. El centro penitenciario de alta seguridad se ubica a 12 kilómetros de Arica, en medio del desierto de Tarapacá.
Reclusos . En el penal chileno viven 2.300 presos, de los cuales cerca del 10 por ciento proviene de Bolivia (223 personas).
Presas . Todas las compatriotas que están internadas en el centro cumplen condenas por tráfico de narcóticos.
Rehabilitación . La cárcel cuenta con talleres para que los reclusos puedan tener un oficio. Además hay canchas y bibliotecas.
CÁRCEL
Claudia Soruco
Enviada a Arica
Con la cabeza agachada y la espalda algo encorvada, Yassir Tobías Álvarez espera junto a otros 11 reos bolivianos la llegada de la cónsul de Bolivia en Arica, Magally Zegarra, al complejo penitenciario Acha, en esa ciudad chilena. Los reclusos aguardan en un pequeño, pero florido jardín del cárcel, para recibir noticias de sus familias.
La impaciencia de Álvarez, médico oriundo de San Borja, es notoria. Una carta, un mensaje o simplemente un saludo son suficientes para alegrar el corazón del boliviano, que cumple una condena de cinco años y un día por transportar drogas.
A sus 57 años, Tobías Álvarez cayó preso tras llevar 1,5 kilos de clorhidrato de cocaína desde Bolivia a Arica. Los carabineros chilenos lo atraparon en la frontera. “No necesitaba el dinero, pero la verdad es que a veces buscamos el dinero rápido”.
Yassir y otros 203 bolivianos están presos en la cárcel ariqueña. En total, el 99% de los compatriotas recluidos ahí cumple condenas de entre cinco y 10 años por tráfico de drogas, dice Zegarra. “Un 80% de ellos transportaba la droga en sus estómagos”. Los bolivianos representan el 10% de la población presa (en total, 2.300 personas).
En el caso de las bolivianas recluidas en ese lugar, comenta el encargado del Centro de Estudio y Trabajo del penal, capitán Luciano Chávez, son 43 compatriotas, de un total de 345 reclusas, todas por narcotráfico.
Tras varios minutos de espera, Yassir recibe una carta de su familia, la aprieta contra su pecho y sale emocionado y más tranquilo de la sala de visitas. Los otros 11 reclusos tienen misivas de sus seres queridos.
“En su mayoría estas personas transportaban no más de 1.000 gramos de cocaína hacia Arica, pero deben estar presas varios años y muy lejos de sus familias”, agrega Zegarra.
Mientras unos esperan noticias de sus familias, al otro lado del penal, en el sector laboral, Carmelo Eamara Vargas, de 52 años, bromea con sus compañeros, que le dan palmadas en la espalda para felicitarlo por el gran momento que pronto llegará: el día de su libertad. “Salgo el 5 de marzo”, dice emocionado. “Estoy por reencontrarme con mi familia después de cuatro años y eso me alegra”.
Nacido en la ciudad de Santa Cruz, de ocupación artesano, Carmelo fue detenido en un bus, el 4 de diciembre del 2005 en el puesto fronterizo de Chungará, a 250 kilómetros de Arica. Transportaba dos kilos de clorhidrato de cocaína dentro de las barras metálicas de una cuna.
Dos meses después lo condenaron a estar en prisión por cinco años y un día; sin embargo, su buen comportamiento hizo que la justicia chilena disminuyera la sentencia un año. Lo mismo ocurrió con Yassir y otros bolivianos.
Por su buena conducta, Carmelo fue destinado al área laboral del penal. Hasta hace dos meses, trabajó desde las 7.30 hasta las 20.00 en corte y confección, por lo que recibía un sueldo mensual de 150 mil pesos chilenos (cerca a Bs 1.000). Hoy sólo espera el 5 de marzo, cuando quedará libre.
“Algo del dinero mandaba a mi familia, pero mayormente lo utilizaba dentro del complejo para comprar mis utensilios higiénicos y cosas que se requieren”.
El complejo Acha es uno de los centros penitenciarios de mayor seguridad en Chile. Está construido sobre 15 hectáreas en medio del desierto de Tarapacá, a 12 kilómetros de distancia de Arica. Nunca se ha registrado una fuga.
Lo primero que ve el visitante son los muros de más de cinco metros de altura que protegen la infraestructura. En las puertas de ingreso y salida, el control es riguroso. La seguridad de todo el penal está a cargo de 261 gendarmes. Cada celda, para dos reos, mide dos por tres metros y tiene un lavamanos y un inodoro.
En el sector con mayor indisciplina hay tres presos por recinto. Los reclusos reciben cuatro alimentos diarios y pueden frecuentar la biblioteca y jugar en las canchas de fútbol y básquet. Además, se benefician con educación primaria y secundaria y capacitación profesional en rubros como mecánica, carpintería, corte y confección, entre otros.

Por: Claudia Soruco

 

Acha. El centro penitenciario de alta seguridad se ubica a 12 kilómetros de Arica, en medio del desierto de Tarapacá.

Reclusos . En el penal chileno viven 2.300 presos, de los cuales cerca del 10 por ciento proviene de Bolivia (223 personas).

Presas . Todas las compatriotas que están internadas en el centro cumplen condenas por tráfico de narcóticos.

Rehabilitación . La cárcel cuenta con talleres para que los reclusos puedan tener un oficio. Además hay canchas y bibliotecas.

 

CÁRCEL

Con la cabeza agachada y la espalda algo encorvada, Yassir Tobías Álvarez espera junto a otros 11 reos bolivianos la llegada de la cónsul de Bolivia en Arica, Magally Zegarra, al complejo penitenciario Acha, en esa ciudad chilena. Los reclusos aguardan en un pequeño, pero florido jardín del cárcel, para recibir noticias de sus familias.

 

La impaciencia de Álvarez, médico oriundo de San Borja, es notoria. Una carta, un mensaje o simplemente un saludo son suficientes para alegrar el corazón del boliviano, que cumple una condena de cinco años y un día por transportar drogas.

 

A sus 57 años, Tobías Álvarez cayó preso tras llevar 1,5 kilos de clorhidrato de cocaína desde Bolivia a Arica. Los carabineros chilenos lo atraparon en la frontera. “No necesitaba el dinero, pero la verdad es que a veces buscamos el dinero rápido”.

 

Yassir y otros 203 bolivianos están presos en la cárcel ariqueña. En total, el 99% de los compatriotas recluidos ahí cumple condenas de entre cinco y 10 años por tráfico de drogas, dice Zegarra. “Un 80% de ellos transportaba la droga en sus estómagos”. Los bolivianos representan el 10% de la población presa (en total, 2.300 personas).

 

En el caso de las bolivianas recluidas en ese lugar, comenta el encargado del Centro de Estudio y Trabajo del penal, capitán Luciano Chávez, son 43 compatriotas, de un total de 345 reclusas, todas por narcotráfico.

 

Tras varios minutos de espera, Yassir recibe una carta de su familia, la aprieta contra su pecho y sale emocionado y más tranquilo de la sala de visitas. Los otros 11 reclusos tienen misivas de sus seres queridos.

 

“En su mayoría estas personas transportaban no más de 1.000 gramos de cocaína hacia Arica, pero deben estar presas varios años y muy lejos de sus familias”, agrega Zegarra.

 

Mientras unos esperan noticias de sus familias, al otro lado del penal, en el sector laboral, Carmelo Eamara Vargas, de 52 años, bromea con sus compañeros, que le dan palmadas en la espalda para felicitarlo por el gran momento que pronto llegará: el día de su libertad. “Salgo el 5 de marzo”, dice emocionado. “Estoy por reencontrarme con mi familia después de cuatro años y eso me alegra”.

 

Nacido en la ciudad de Santa Cruz, de ocupación artesano, Carmelo fue detenido en un bus, el 4 de diciembre del 2005 en el puesto fronterizo de Chungará, a 250 kilómetros de Arica. Transportaba dos kilos de clorhidrato de cocaína dentro de las barras metálicas de una cuna.

 

Dos meses después lo condenaron a estar en prisión por cinco años y un día; sin embargo, su buen comportamiento hizo que la justicia chilena disminuyera la sentencia un año. Lo mismo ocurrió con Yassir y otros bolivianos.

 

Por su buena conducta, Carmelo fue destinado al área laboral del penal. Hasta hace dos meses, trabajó desde las 7.30 hasta las 20.00 en corte y confección, por lo que recibía un sueldo mensual de 150 mil pesos chilenos (cerca a Bs 1.000). Hoy sólo espera el 5 de marzo, cuando quedará libre.

 

“Algo del dinero mandaba a mi familia, pero mayormente lo utilizaba dentro del complejo para comprar mis utensilios higiénicos y cosas que se requieren”.

 

El complejo Acha es uno de los centros penitenciarios de mayor seguridad en Chile. Está construido sobre 15 hectáreas en medio del desierto de Tarapacá, a 12 kilómetros de distancia de Arica. Nunca se ha registrado una fuga.

 

Lo primero que ve el visitante son los muros de más de cinco metros de altura que protegen la infraestructura. En las puertas de ingreso y salida, el control es riguroso. La seguridad de todo el penal está a cargo de 261 gendarmes. Cada celda, para dos reos, mide dos por tres metros y tiene un lavamanos y un inodoro.

 

En el sector con mayor indisciplina hay tres presos por recinto. Los reclusos reciben cuatro alimentos diarios y pueden frecuentar la biblioteca y jugar en las canchas de fútbol y básquet. Además, se benefician con educación primaria y secundaria y capacitación profesional en rubros como mecánica, carpintería, corte y confección, entre otros.

Fuente: La Razón

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